Me declaro culpable. Culpable por los errores cometidos, las palabras no dichas, los consejos que no acepté y el tiempo malgastado. Pero, sobre todo, me declaro culpable por las reglas incumplidas, las locuras cometidas y por los momentos de subidón. Me declaro culpable de mi repentina libertad, de mis ganas de vivir que me consumen, de ver en cada momento una nueva oportunidad, un nuevo comienzo y una excusa para enterrar las heridas del pasado. Lo único que me queda por aclarar, algo que se quedará conmigo para el resto de los días y con lo que tendré que convivir para aprender a sacar mi vida adelante, seguir en el camino correcto, no callar ante lo injusto para poder vivir un poco más a gusto, sea como sea… es una frase, y es que:
soy una luchadora.
soy una luchadora.
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